Un sistema de intermediación parasitario: Escalante

Escalante, siguiendo lo expuesto en La muerte tiene permiso, escribe en una editorial de La Razón:

Me pregunto quién es ese actor: ubicuo, heterogéneo, metido en pleitos de abogados, de taxistas o invasores de tierras, ese actor que amenaza, que cobra cuotas, que se exhibe en los juzgados lo mismo que en las carreteras… Y no veo —con frecuencia me pasa eso— a un “cártel de la droga”, sino a un actor social mucho más complejo y más familiar al mismo tiempo.

No me ando con rodeos: el reportaje de Arturo Cano me hace pensar en el extenso sistema de intermediación de que estaba hecho el PRI, cuando era el PRI. Un sistema de intermediación parasitario capaz de aprovechar las deficiencias de la ley y las del aparato de administración de justicia, la distancia entre el orden jurídico y el orden social, las deformidades del mercado laboral, del ordenamiento urbano; un sistema que servía para proteger a ambulantes, microbuseros, taxistas, colonos, y que servía también para extorsionar a empresarios, para reventar huelgas, hostigar a opositores, frenar invasiones de tierras… Son miles, y acaso cientos de miles de gentes que vivían de eso, de parasitar el orden formal. Ya no tienen protección oficial, ya no tienen garantías, y tienen que ganarse su espacio por sus propios medios: a balazos. Y al mismo tiempo, en la misma lógica, empiezan a buscar otras fuentes de ingreso, que antes estaban prohibidas.

Pensamos que iba a ser tan fácil hace diez años acabar con la corrupción.

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“La muerte tiene permiso” y sus reacciones

Nexos da en el clavo una y otra vez. Recomiendo muchísimo la discusión en Nexos sobre el artículo de Fernando Escalante “La muerte tiene permiso”. Ya antes Escalante nos había sorprendido con un análisis de los homicidios en México, mostrando cómo la tendencia a largo plazo era hacia la baja y que el país era relativamente pacífico comparado con otros y con el pasado.

No obstante, con la escalada de violencia y con los datos del último año, Escalante muestra cómo justamente los lugares donde se han llevado a cabo los grandes operativos federales son aquellos donde la violencia se ha disparado. El autor adelanta la hipótesis de que esto se debe a que esa misma política ha trastocado el orden local, un orden corrupto y lleno de mecanismos informales, pero orden al fin. Cuando se depura a las policías locales, ese orden se va, como un hilo zafado y entonces la muerte tiene permiso. Compárese con la tesis de Hayek sobre el uso del conocimiento en la sociedad y una política que lo desdeña.

Este mes se publicaron tres ensayos, de Antonio Azuela, Ana Laura Magaloniy Claudio Lomnitz en los que se hace un análisis sobre lo escrito por Escalante.

La implicación más fuerte a mi parecer, mostrada en esos ensayos, deriva de la pregunta ¿por qué nadie lo hizo antes? ¿Por qué hasta que un académico lo hizo nadie más lo hizo? Los datos son públicos y fáciles de obtener; la técnica estadística, de preparatoria. ¿Por qué nadie hizo ese análisis en el gobierno? ¿Los medios? ¿La oposición?

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