Los limosneros son más listos de lo que creemos (y algunos ganan mucho dinero)

Los limosneros son una vista común en la Ciudad de México. Los cruceros, los restaurantes, las zonas comerciales y otros lugares públicos son comúnmente utilizados por las personas (vagabundos y limosneros) para pedir dinero. ¿Qué tanto pueden ganar con las limosnas?, ¿Escogen personas al azar para pedirles dinero o tienen algún método?, ¿Qué es mejor, tener un trabajo de salario mínimo o dedicarse a pedir limosna?

Hay que ser creativo, y tomar clases de comedia, para ser limosnero

Mientras algunos creen que los limosneros son típicamente personas que se encuentran cerca o por debajo de las distintas líneas de pobreza, una hipótesis alternativa es que pedir limosna es una mejor fuente de ingresos que un trabajo formal. De entre las personas que piden limosna, casi la mitad dice gustarle lo que hace y hasta rechazan dinero a cambio de contestar unas preguntas durante 20 minutos, argumentando que podrían ganar mucho más en ese tiempo. Esto último puede ser interpretado como una medida del ingreso esperado por hora de los limosneros.

Ted Williams. Este hombre gana más que todos nosotros (en serio)

Si se define a los limosneros como aquellas personas que piden dinero en la calle sin dar servicios o bienes a cambio (excluyendo así a los vendedores ambulantes, limpiaparabrisas y artistas callejeros), entonces es posible comenzar un análisis de sus actividades y de las decisiones económicas que toman.

Para empezar, si se desea obtener dinero sin ofrecer nada a cambio, es necesario tener una estrategia. Elegir un lugar para pedir dinero no es una decisión trivial: ir a un lugar muy concurrido y popular (mercados, estaciones de metro,…) con la esperanza de obtener muchas donaciones pequeñas o elegir un lugar menos concurrido pero con asistentes más adinerados (restaurantes, la colonia Condesa, centros comerciales,..) y conseguir más dinero por donación y por menos horas de trabajo. La decisión no parece obvia. La primera opción parece ser la más popular, no sólo por la gran variedad de oportunidades que ofrece, sino también por las restricciones impuestas en los lugares de la segunda opción (e.g., meseros atentos para echar a los limosneros, guardias de seguridad, mayor presencia policial,…). Además, es importante para los limosneros escoger lugares estratégicos donde los posibles donadores no puedan evitarlos con facilidad: pasillos, entradas o salidas de supermercados o estaciones de metro son usualmente buenas elecciones.

Elegir a los ‘objetivos’ también es una decisión importante. Los hombres y las mujeres que caminan solos, los ancianos, y la gente rica (que puede evitar los lugares públicos) tienden a ser malos objetivos, mientras que los estudiantes (pobres pero bien intencionados), los turistas (mentalizados para gastar dinero) y las parejas (los hombres quieren quedar bien frente a su cita) son las mejores opciones. Algunas estimaciones sugieren que del total de personas que dan limosnas (del 10 al 60 por ciento), los estudiantes tienden a estar por encima de la media (50-60 por ciento).

Una vez establecidos los lugares y los objetivos, los limosneros deben competir por el dinero de las personas. Incluso sin bienes o servicios de por medio, hay un mercado por la compasión de las personas. Una buena historia que “venda”, tener hijos al lado, mascotas y una apariencia que tenga la mezcla óptima entre “necesitado” y “agradable” son todas buenas tácticas para ganar una mejor cuota de mercado.

Genio de técnicas de venta

Incluso podríamos monitorear las decisiones de consumo de los limosneros para medir la proporción del ingreso disponible en alimentos, alcohol y/o drogas, medicamentos, etc.

Desafortunadamente, las personas que piden limosnas, incluso las que ganan $300 dólares o más al día, tienen mayor riesgo de morir prematuramente y sufrir enfermedades crónico degenerativas que la población en general. Además, muchas de ellas se exponen al crimen, acoso sexual, hipotermia, y carecen de acceso a servicios básicos de salud y financieros. Si se toma en cuenta que la mayoría son discapacitados, alcohólicos/drogadictos o tienen algún tipo de enfermedad mental incluso desde antes de volverse limosneros, el panorama se vuelve muy poco alentador para estas personas.

Si bien hay algo bueno que decir, y a veces divertido de analizar y comentar, de un sistema de producción y consumo que permite a un grupo de personas vivir de las sobras de la sociedad, es poco probable que la gente que pide limosnas lo vea de esa manera. La pobreza, la falta de oportunidades y asistencia han hecho de la vida de los limosneros innecesariamente dura. Tal vez, cuando en México descubramos la solución y nos aseguremos de que nadie caiga por debajo de un nivel mínimo de calidad de vida, podremos hacer como Noruega y construir estatuas de vagabundos para no olvidar lo que son.

En Bergen (Noruega) esto es lo más cercano a un limosnero de verdad

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