Conductores agresivos y embotellamientos fantasma

Uno de los problemas urbanos más comunes del siglo XX e inicios del XXI han sido los embotellamientos. A pesar de los llamados para incrementar el uso del transporte público, la demanda global de automóviles en el mundo ha aumentado considerablemente (156% en los últimos 20 años). Gran parte de ese aumento de la demanda global ha sido alimentado por el crecimiento de los países asiáticos y algunos latinoamericanos. China pasó de vender 7 millones de autos por año en 1990 a casi 24 millones en 2011; un incremento de 343%. Mientras que Brasil ha casi triplicado (aumento de 280%) el número de autos vendidos en el mismo periodo de tiempo.

El automóvil es, además de un bien de consumo duradero, una herramienta de las clases medias. Muchas de las políticas públicas existentes incentivan el uso del autómovil y vuelven imprácticas las alternativas a éste. Dadas las restricciones políticas y coyunturales para transformar drásticamente la transportación urbana actual y cambiar de autos a transporte colectivo, ¿qué hacer en el corto plazo para disminuir los costos públicos y privados del uso masivo del automóvil?

1) El costo más obvio, tanto para la comunidad como para los individuos, es el congestionamiento de tránsito. El embotellamiento registrado más largo de la historia abarcó más de 176 km en una carretera de Lyon a París en 1980. El más concurrido (aproximadamente 18 millones de autos) fue en la frontera de Alemania del Este (para cruzar al oeste) en 1990. Recientemente, en Agosto de 2010, la carretera que conecta Beijing con Huaban registró un embotellamiento de más de 100 km de extensión y una duración de 9 días. Muchas veces, la formación de los embotellamientos es incierta. Fuera de accidentes o tramos en construcción, poco se sabe acerca del porqué y el cómo de la acumulación de tráfico de automóviles.

Matemáticos del MIT parecen haber descubierto una de las causas de los embotellamientos. Los embotellamientos fantasma se forman cuando pequeñas interrupciones al flujo de tráfico generan ‘ondas’ que reverberan a lo largo del sistema, similares a las de una onda de choque en explosiones, hasta formar un embotellamiento. En ese punto, los conductores no tienen más alternativa que seguir manejando y esperar a que se disipe el efecto.

Video. Un modelo sencillo de embotellamiento fantasma

¿Posibles soluciones a los embotellamientos? La más obvia, y probablemente más cara, es aumentar la inversión en infraestructura para aumentar la capacidad de las calles y caminos existentes; para así empujar el horizonte crítico de formación de embotellamientos. Una opción más sencilla es aumentar los costos de las actividades al volante que facilitan la creación de embotellamientos (hablar por teléfono y manejar, tailgating o no mantener la distancia apropiada entre autos y automovilistas ‘mirones’ que desaceleran para ver accidentes del otro lado de la vía). El aumento en las multas para estas actividades probablemente tenga un impacto positivo tanto en la disminución de embotellamientos en el corto plazo, así como en los ingresos por concepto de multas para los gobiernos (al menos en el muy corto plazo, hasta que los conductores se adapten al nuevo set de reglas).

2) Mejores reglas y métodos de aprobación para conductores particulares y comerciales. Robin Hanson propuso recientemente en su blog ‘Overcoming Bias’ que los conductores debían ser más agresivos, tanto por su propia seguridad como para disminuir los tiempos de traslado. Esta propuesta resulta atractiva al principio pero simplemente no resolvería de manera eficaz y generalizada el tráfico pesado en las ciudades. Si todos incrementaran su agresividad y pisaran con más frecuencia el pedal del acelerador, en un intento por incrementar la velocidad promedio de manejo, el resultado neto en el tránsito probablemente se mantendría igual. Si todos somos más agresivos, los mismo embotellamientos se harán a las mismas horas y en los mismos lugares, sólo que ahora la tensión de los conductores y peatones (que tienen que estar más alerta) subirá y la probabilidad de accidentes aumentará (por la disminución en el tiempo de reacción causada por el aumento en la velocidad). Además, el aumento en el consumo de gasolina impondrá nuevos costos a los individuos y al ambiente.

Una mejor idea es diseñar reglas de manejo que minimizen los comportamientos nocivos al volante y mejorar el proceso de evaluación y aprobación de los conductores, tanto particulares como comerciales (transportistas, microbuseros y otras huestes). No se trata de promover exámenes de manejo para conductores ultradefensivos como en Sudáfrica (que contraintuitivamente, propician más accidentes de tránsito), sino disminuir los procesos burocráticos para la obtención de licencias y abrir los mercados de transporte público para promover la competencia entre distintos actores.

Tal vez nosotros seríamos conductores ultradefensivos si tuviéramos leones que abren puertas.

Es posible que los planificadores urbanos desdeñen al automóvil, y tal vez el medio ambiente estaría mejor con otras formas de transporte, pero el uso del autómovil está aumentando en todo el mundo. Además de insistir en los cambios que deseamos (y que son poco probables en el corto plazo), también deberíamos impulsar los cambios posibles y efectivos, para hacer de la vida, y la economía, en los centros urbanos más dinámica y con menos tiempo perdido en los autos.

3 pensamientos en “Conductores agresivos y embotellamientos fantasma

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