A esperar (aún más) por nuestros robots personales

ASIMO, el robot de Honda. (Fuente: http://world.honda.com/ASIMO/)

Los recientes acontecimientos en Japón han disparado especulaciones sobre los efectos en la economía de este país asiático; por un lado, el efecto de corto plazo (y aquí parece haber unanimidad en las opiniones) es de un choque de oferta que golpeará negativamente las finanzas del gobierno y los hogares. No obstante, hay opiniones encontradas sobre el potencial efecto de largo plazo de estos desastres naturales en la economía japonesa. Algunos piensan que el gasto gubernamental y privado enfocado en la reconstrucción de gran parte de la infraestructura del noreste se convertirá en el catalizador que finalmente sacará a Japón del estancamiento con deflación de las últimas dos décadas. Otros opinan que el impacto en la deuda japonesa, ya de por sí estratosférica, podría ocasionar una crisis fiscal similar a la de los países de la periferia europea. Yo opino que nada de esto ocurrirá.

El efecto más palpable del terremoto y tsunami japonés será que el mundo tendrá que esperar más por sus robots-asistentes personales debido a que la asignación de recursos en la economía japonesa se modificará para reconstruir y ayudar a la población afectada.

Japón es uno de los países con expectativa de vida más alta del mundo. Las mujeres japonesas son las más longevas del planeta. Hasta hace muy poco, esto venía acompañado de tasas de ahorro casi legendarias en los hogares de este país asiático.  Esto ha cambiado en los últimos 10 años. Los hogares han decidido desahorrar (es decir, gastar sus ahorros y vender sus activos). Además de los posibles efectos en las futuras emisiones de deuda del gobierno japonés, esto significa que la economía japonesa tendrá menos ahorros que asignar en distintos tipos de inversión en el futuro.

Gráfica 1. Tasas de ahorro neto de los hogares (como % del ingreso disponible)

Fuente: OCDE Factbook 2010: Economic, Environmental and Social Statistics

En un escenario simple, imaginemos que la economía tiene dos opciones de asignación de recursos: investigación y desarrollo o el financiamiento de la reconstrucción de las plantas nucleares e infraestructura física destruida. El primero generará crecimiento económico en el futuro y tendrá un efecto permanente en el empleo, mientras el segundo sólo recuperará lo perdido y tendrá un efecto temporal en el empleo. Dadas las actuales circunstancias, parece imposible enfocarse solamente en lo primero, lo segundo es urgente e impostergable.

La población que decrece (y envejece) en Japón no recibe los flujos migratorios -que otros países industrializados sí tienen (EUA, miembros de la Unión Europea)- necesarios para abastecer la demanda de trabajo en las industrias. Una salida única para este problema parecería encontrarse en el desarrollo y producción de asistentes robotizados que realicen trabajos físicos típicos de la mano de obra no especializada (i.e. robots-asistentes). Los recursos asignados para acelerar la adopción de robots en la economía y hogares japoneses que permitan impulsar la economía y ayudar a la población japonesa (¡imaginen enfermeras robots!) tendrán que esperar un poco más.

Gráfica 2. Activos financieros de los hogares (Cuentas de flujo de fondos) 1998-2010

Centenas de millones de yenes

Fuente: Banco Central de Japón, Flow of Funds Accounts 2010.

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