Los arrimones, los gandules, y los descuidados

Antes había visto por ahí otra frase muy relacionada: “Nadie te paga por merecer”, pero fue hasta que hace un año, aproximadamente, encontré un artículo de Jeffrey Tucker cuando realmente sentí que alguien le dio al clavo.

Traduzco al español tal artículo. Espero que lo disfruten.

hard-work

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Los arrimones, los gandules, y los descuidados

Jeffrey Tucker

¡Ay del empresario que contrata a un recién graduado! La mayor parte de los estudiantes universitarios tienen una vida exuberante en la universidad, tras una vida cómoda en la preparatoria y una vida de holgazán antes de ésta.

Los estudiantes de los últimos semestres lo saben todo acerca de tarjetas de crédito, cultura popular, el Internet, los chats y la discusión políticamente correcta. Pero no saben casi nada de lo que solía llamarse la ética de trabajo. En corto, puede decirse que son menos que inútiles para el mundo comercial.

Lo que sigue a continuación, es una introducción en 500 palabras sobre reglas sencillas de cómo los nuevos trabajadores pueden ir de inútiles a muy valiosos con nada más que un cambio de actitud.

El mercado laboral actual está muy competido, lo que hace lucir como la mayor parte de los mercados laborales en la historia humana: a los trabajadores se les paga en proporción a cuanto contribuyen a la productividad total de la empresa.

No parece posible, pero éste es el hecho número uno acerca del trabajo que los primerizos no parecen entender. Así que déjame repetirlo: A la gente no se le paga por haber terminado la universidad. No se les paga por haber cruzado exitosamente el proceso de contratación. No se les paga sencillamente porque ahora tienen un puesto con un título. No se les paga para que la empresa pueda disfrutar del privilegio de su presencia.

A la gente no se le paga por ninguna de estas razones, o, al menos, no se les paga por alguna de estas razones por mucho tiempo. Se les paga por una sola razón: para hacer a la empresa más productiva que lo que sería sin ellos.

Más aún, si los trabajadores esperan mantener su puesto e ir creciendo, su contribución a la productividad de la empresa debe exceder los recursos que la empresa está gastando en ellos.

Recuerdo que cuando estaba trabajando en una tienda a los 16 años, el gerente vino y me dijo a mi y a otro empleado que arregláramos algunos productos sucios en un estante. Después de que el gerente se fue, mi compañero me vio y me dijo: “Yo no arreglo estantes por un salario mínimo.”

Unas semanas más tarde, por supuesto, él no estaba recibiendo el salario mínimo por hacer algo debido lo pusieron patitas en la calle. Los nuevos trabajadores tienen que entender que en general les pagan más de la cuenta, mucho, mucho más de la cuenta. El empleador está haciendo una inversión esperando que te vuelvas más valioso a través del tiempo. El punto aquí es que debes siempre buscar ser más valioso para la empresa que lo que te pagan.

Tras haber entendido este punto elemental, sólo hay cinco reglas sencillas para hacerla en el mundo laboral. Si las sigues, serás un increíble éxito en la vida, ahora y hasta el día en que mueras. Si no, mejor busca tener un trabajo en el gobierno, sindicalizarte o aspirar a llenar una cuota.

He aquí:

  1. Escucha atentamente a las instrucciones y nunca esperes que te digan algo una segunda vez.
  2. Haz el trabajo completo, y hazlo mejor que lo que espera tu supervisor.
  3. Trabaja diligentemente hasta que deje de ser cómodo, sin interrupción o queja.
  4. Termina todas las tareas a tiempo, es decir, tan pronto como sea posible.
  5. Si se te acaban las tareas, busca otras qué hacer que puedan ayudar a otros y a la empresa en general.

Eso es todo: cinco reglas para un trabajo productivo y feliz, para una vida feliz y productiva. ¿Te suenan muy comunes? Tal vez. Pero entonces, ¿por qué casi todos los nuevos trabajadores, y muchos viejos, son incapaces de entenderlas o de seguirlas? Parece que hay personas que pueden llegar a su vigésimo segundo cumpleaños sin haber puesto un pie en un lugar donde esto se espere de ellos.

Hay unas cuantas reglas más, sobre qué no hacer. No te metas en la grilla interna. No vayas más allá de los límites de tu autoridad. No envidies la paga o las condiciones laborales de otros. No seas el sabelotodo. Pero estos son solo puntos más finos. El principal es que debes aprender a ser valioso para los demás escuchando y siguiendo órdenes. Es en este punto donde tantos fallan.

Conozco a un hombre muy sabio que dice que hay tres tipos de fracasados en este mundo: los arrimones, los gandules, y los descuidados. Sigue las cinco grandes reglas del trabajo y no serás ninguno de éstos. Serás inmensamente valioso para un negocio y, por ende, para el mundo. Estarás siempre en el camino para cada vez mejores trabajos. Serás feliz. Tendrás éxito financiero. Recibirás amor, aprecio y admiración.

Y en todo caso, no fracasarás. Si sucede así, no culpes a nadie más que a ti.

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