Letras Libres: sobre la intolerancia religiosa

Julio Hubard escribe:
Desde la Revolución francesa, y pasando por la institución del Registro Civil, ha quedado claro que la vida política del Estado puede ser no solo pobre de imaginación sino revanchista contra una Iglesia rejega y muy lenta. Sustituir un ritual religioso por otro, prácticamente igual, pero civil, es un acto de poder, no de libertad. Obligar al Estado a reconocer jurídicamente la sexualidad privada es un acto de gran poder.

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En realidad, la pugna debió haber sido otra, desde el principio. Por un lado, la vida civil bien podría hacer un esfuerzo de imaginación y dar nombres nuevos a las situaciones justas y nuevas: la primera idea de “sociedades de convivencia” estaba mejor orientada, con todas sus corregibles limitaciones iniciales, y esa pura esfera contractual habría ayudado a evitar inútiles provocaciones. No estaría mal que la liturgia civil lograra independizarse de la liturgia eclesiástica.

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