Dos recortes del bicentenario

Fue lugar común cuestionar si había motivos para celebrar los 200 años de la independencia de México y los 100 de la revolución. Desde la perspectiva pejista que afirma que el “usurpador” ha llevado al país a un estado peor que antes de la revolución, hasta los analistas más lúcidos que criticaron la desidia intelectual del gobierno panista de hacerle frente a un festejo que le es contraproducente, pasando por aquellos que sencillamente se limitan a señalar que es un gasto inútil o que es hipócrita celebrar en una situación de casi guerra en el territorio nacional.

No obstante, en los medios del día de hoy vi dos artículos de opinión que valen la pena. Uno de ellos es de Fernando Escalante para la Razón:

Veamos. La situación del país es mala: muy mala. Es preocupante que la economía no genere empleos, que en la primaria no se aprenda a leer, que la violencia se haya vuelto cotidiana en algunas regiones del país. Es preocupante sobre todo que nadie parezca acertar con un rumbo para el futuro. Pero sólo se entiende bien la complejidad y la naturaleza del problema cuando se pone en perspectiva. Si se miran, por ejemplo, los indicadores con que habitualmente se mide la calidad de vida, resulta que en muchos aspectos el país está mejor que nunca. Y eso es importante también.

Tenemos una educación de baja calidad, pero tenemos mayores índices de escolaridad que nunca antes. Tenemos alrededor de 40 millones de pobres, pero la esperanza de vida es mucho mayor, es mayor y de mejor calidad la cobertura de salud. Hay estorbos, hay parásitos, pero también hay mayor productividad, mayor ingreso per cápita, más exportaciones, investigación y desarrollo tecnológico. Desde luego, hay corrupción, pero también hay más competencia, más vigilancia, mejores recursos de control. Y libertad de prensa. Y participación política. Y con todo y la guerra contra el crimen organizado, la tasa de homicidios en el país es inferior a la de principios de los años 90.

Más todavía. Si se compara al país con los otros que se suelen poner de modelo en los tiempos recientes: Brasil, India, China, en casi cualquiera de los indicadores de calidad de vida, México está mejor y con diferencia. No tiene sentido negarlo. Porque es ponerse a denunciar problemas imaginarios. Y eso dificulta mucho ver los problemas reales.

Hacia el final de su escrito menciona que curiosamente muchos de nuestros fracasos actuales son éxitos del régimen revolucionario: la cultura política, el reparto agrario, la industrialización dirigida, y el éxito de la política de salud. (¿El seguro social? ¿Los “derechos” de los trabajadores? ¿La ineficacia de la policía? ¿El fuero militar? Seguramente contarían dentro de esta lista.) Como nación, todo esto se hizo conscientemente en algún momento político, y se hizo supuestamente tomando en cuenta las consecuencias a largo plazo de éstas. Protestar contra todo, como dice Escalante, es sencillamente desdeñar esto e impedirnos enfocarnos en los problemas reales.

El segundo recorte es de la columna de Ángel Verdugo:

¿Tiene usted razones mejores, o simplemente diferentes para gritar el 15 de septiembre? Bienvenidas, cualesquiera que fueren. Sólo le pido que no grite por ese pasado mentiroso y demagógico que inventaron. Sólo vale la pena gritar por el futuro mejor que vamos a construir.

Es por esa vida mejor para los nuestros, que debemos gritar todos los días —no sólo el 15 de septiembre— lo más fuerte que podamos—: ¡Muera el pasado, viva el futuro!

En verdad, que viva el futuro.

angel

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