IMSS: ni siquiera me molesto en ir

Tras años de calmantes y la gastritis crónica provocado por éstos, la solución propuesta (entre burlas e insultos) por nuestro sistema de salud socializado a la artritis reumatoide de mi madre es la terapia psicológica. Tras protestar, el director reconoció la existencia de la condición y la necesidad de tratamiento.

No es mi único familiar que vive eso, ni la única vez que lo ha vivido. De hecho, dudo que haya uno solo que no lo haya vivido cada vez que va al IMSS. Sólo protestando agresivamente o con regalos uno obtiene tratamiento. Cuando las cosas se agravan, tenemos que pagar de nuevo en el sector privado lo que ya se pagó vía contribuciones a la seguridad social en el sistema público.  Una lástima por los más pobres, por quienes en “solidaridad” existe el sistema, que obligatoriamente aportan y no tienen otra opción para recibir atención médica.

Las colas, la espera de meses para citas, la falta de medicinas y que el buen trato sea la excepción y no la regla hacen que sencillamente ni me moleste en ir.

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